
A menudo, cuando ordenamos algo a los niños, nos preguntamos, ¿Por qué mi hijo/a no me obedece? La mayoría de veces achacamos la desobediencia solamente a los niñ@s, y muchas veces somos nosotros los padres los responsables de su incumplimiento al dar órdenes inadecuadas.
A continuación, presentamos los tipos de órdenes que solemos dar dar de forma incorrecta:
- Órdenes inatendidas: las formulamos sin asegurarnos de que el mensaje se haya captado. Por ejemplo, la madre que pide desde la cocina gritando que baje el volumen de la televisión a su hijo que se encuentra en el cuarto con el volumen elevado o dar órdenes desde cualquier lugar de la casa.
- Órdenes confusas: Se enuncian con vaguedad y sin precisar. «Pórtate bien», «ya tienes edad para portarte como una persona mayor». Los niños no entienden qué significa esto, debemos decirles las cosas claras y asegurarnos de que entienden la orden.
- Órdenes inviables: Con objetivos poco realistas. El padre que ve el boletín de notas habiendo suspendido cinco y se le ordena que apruebe todas. Si ha suspendido la mayoría de asignaturas, es difícil que las apruebe todas. Las metas deben ser viables y fáciles de conseguir.
- Órdenes metralleta: Difíciles de cumplir por ser excesivamente largas «apaga la televisión, ordena tu habitación, haz los deberes y ayuda a tu hermano». Nuestr@ hij@ no se acordará ni de la primera ni de la segunda orden.
- Órdenes débiles: en tono dubitativo o con ruego, cuyo cumplimiento es opcional «a mamá le gustaría que le ayudaras a poner la mesa». Suena como que no es importante que la haga.
- Órdenes desgastadas: Constituyen una invitación a prestar oídos sordos. «Cuántas veces te tengo que decir que recojas los juguetes?». Ante esta postura, el niño lo ignorará por completo porque no nos toma en serio.
- Órdenes autoritarias: En tono agresivo acompañándose a veces de instigación física «Tienes que hacer los deberes porque lo he dicho yo». Quizás el niño nos obedezca, pero por miedo, no porque haya entendido lo que tiene que hacer, ni por qué debe hacerlo, que es la base de la obediencia. A la larga, se puede convertir en un joven con baja autoestima o agresivo con sus padres. Debemos saber que los niños tienen que cumplir las órdenes porque es una obligación para poder desenvolverse positivamente en la sociedad y para ello deben entender y no hacer las cosas porque se lo digan.
- Órdenes injustas: que plantean objetivos que exceden la autoridad paterna. Imponer al hijo la carrera que tiene que estudiar o la pareja que debe elegir. Esto crea hostilidad hacia sus padres y resentimiento, lo que también puede provocar conductas de agresión o evitación hacia los padres.
- Órdenes inconsistentes: Se contradicen las figuras de autoridad o varían según el estado de ánimo del que ordena. Es decir, el padre ordena una cosa y la madre lo contrario o le ordenamos algo, pero luego nos da igual que lo cumpla o no. Por ejemplo, la madre que aprovecha la ausencia del marido, y deja al niño salir cuando el padre le ha castigado. O cuando le digo a mi hijo que se duche después de cenar, no lo hace y hago oídos sordos como si no le hubiera dicho nada antes.
CÓMO DAR ÓRDENES
Las órdenes deben ser claras, cortas y consistentes. Deben darse de una en una y en número reducido y deben expresarse en términos comprendidos por los niños y asegurarnos de que las entienden. Para que las entiendan, debemos agacharnos a su altura, mirarles a los ojos y explicárselo de forma tranquila con un tono de voz normal. Deben ser de mutuo acuerdo entre los adultos sin contradecirse. El contacto físico instigador refuerza el incumplimento.
- Asegurarse de que el niño ha entendido la orden, incluso pedirle que la repita para cerciorarnos de que la ha entendido.
- Agacharnos a su altura y mirarle a los ojos.
- Enumerar y repasar la orden paso por paso para que el niño anticipe y recuerde.
- Si no lo entiende, acompañar la orden de una pequeña explicación, sin entrar en discusiones. Firmes y breves.
- No repetir las órdenes sinoestablecer una consecuencia. «Después de merendar, seguirás con la videoconsola».
- Distribuir actividades en el tiempo: Que el niño sepa en todo momento lo que toca hacer. Por ejemplo, después de levantarse, asearse, desayunar, luego recoger su vaso y cepillarse los dientes. Las cosas imprevistas alborotan la rutina del niño y hace que no obedezca.
- Avisar con tiempo antes de que finalice una actividad, no podemos de repente interrumpir al niño y decirle que deje de mirar la tele y que venga inmediatamente a comer, es mejor adelantarnos unos minutos y decir “dentro de diez minutos deberás dejar la tele porque vamos a comer”.
- No amenazar ni poner consecuencias que no se van a cumplir con un castigo exagerado e irreal «Si no haces esto, no te daré el móvil nunca más». Hace a los padres perder credibilidad ya que no se cumple el castigo.
- Resaltar los progresos. «Ves? Hoy lo has hecho mucho mejor que ayer, estoy muy orgulloso de ti». Muchas veces, aunque la mejora sea mínima pero hay que valorar el ESFUERZO.
- Evitar los mensajes destructivos que hacen que el niño no se sienta motivado por mejora ya que en lugar de conducir cambios positivos, se siente desmotivado o provoca ira que empeora la desobediencia.

