Familia
“No te preocupes si tu hijo no te escucha, te está observando todo el día” Teresa de Calcuta.
Ayudo a los padres y familias a reducir su malestar ante las circunstancias que viven sus hijos y les facilito herramientas para que puedan llevar el problema lo mejor posible. Esto se basará en emitir pautas y claves para lidiar con los cambios que les acompañan y afectan a su conducta, o asimilar las afecciones de su hijo de forma que se produzca una aceptación de la situación y se gestione de la mejor manera posible. Esto se realizará mediante la psicoeducación, el entrenamiento a padres y pautas orientativas para el buen funcionamiento personal de los padres, del niño o adolescente, y del ambiente familiar y la convivencia con el fin de conseguir una correcta armonía y paz interior de cada uno de los miembros.
Trabajo con la familia para ayudar a entender las dificultades de sus hijos/as, la etapa evolutiva en la que se encuentran y comprender su comportamiento. Las familias deben saber por qué los niños y adolescentes actúan como lo hacen, y deben entender sus emociones mostrando empatía y siendo colaboradores de la intervención.
Debemos tener en cuenta que el problema no solo lo tiene el niño sino que esto implica a todos los miembros de la familia. Pues el principal factor influyente en un niño es el hogar, por lo que la actuación que se realiza es a nivel grupal. Es decir, el estilo educativo de los padres (permisivos, autoritarios, indiferentes y democráticos) y su modelo de figura paterna/materna, influirá en el comportamiento de sus hijos. Unos padres permisivos (con alta afectividad y baja imposición de normas) crearán que el niño sea más agresivo, los autoritarios (baja afectividad y muchas normas) afectan a la autoestima y los indiferentes (baja afectividad y bajo control de las normas) a una falta de control de las situaciones y el cuestinamiento del sí mismo, siendo necesaria una figura de autoridad lo más democrático posible (alta afectividad y control de normas), favoreciendo la afectividad y el cariño con sus hijos pero a la vez estableciendo un control y unas normas que cumplir. Además, los padres actúan como modelo de los hijos, y de nada sirve por ejemplo, decirles “no grites!” cuando lo que le estamos pidiendo se lo decimos gritando. Muchas veces, se hace necesario orientar a los padres para dirigirles en su adaptación al niño o adolescente y marcarles pautas para mejorar la convivencia. Además, en la mayoría de casos los niños y adolescentes se comportan de determinada manera ante situaciones adversas familiares, como una separación o divorcio, el nacimiento de un hermano o la aparición de una enfermedad o situación traumática como el duelo, en los que también se producen afecciones emocionales. Entonces aquí el problema no solo es a causa del niño, sino que el abordaje será con la participación de las familias.
Es importante identificar cuándo el problema de nuestros hijos/as nos afecta en diversas situaciones y no nos deja llevar una vida diaria con normalidad. De esta manera se previene que la alteración vaya a más y evitaremos problemas emocionales también en los padres.
