Problemas emocionales y conductuales
“Es más fácil construir niños fuertes que reparar adultos rotos” Frederick Dogulas.
Debemos saber que…
Los seres humanos somos seres biopsicosociales, es decir, nos componemos de tres áreas: la biológica, la psicológica y la social. El área biológica viene determinada de manera innata y gran parte es genética, es con lo que nacemos. La social es cómo influye nuestro entorno y nuestras relaciones con los demás en nosotros. La interacción entre el área biológica y la social, dará lugar al área psicológica, que será la que moldeará nuestro comportamiento y nos hará ser de una u otra forma, es decir, somos lo que somos, por nuestra biología innata y por lo que recibimos de nuestro contexto.
Además, el área psicológica se manifiesta en pensamientos, emociones y conducta. Pues según lo que pensemos, esto nos llevará a una emoción (tristeza, enfado, rabia, alegría, felicidad) y esta emoción derivará en un comportamiento que reflejamos al exterior (conducta).
Pongamos el ejemplo de un niño que sufre acoso escolar. Puede ser que su biología sea fuerte e inamovible y no le afecte en absoluto, o que su parte innata, sea al contrario, vulnerable y delicada, por tanto, el contexto y sus relaciones sociales, las cuales son perjudiciales, afectarán en su parte biológica de forma negativa, esto hará que tenga pensamientos destructivos, que sienta emociones de tristeza, y esto le lleve a no querer ir al colegio y a desobedecer. Sería el claro ejemplo de cómo el contexto y la biología afectarán a la parte psicológica del niño y por tanto, a sus pensamientos, emociones y conductas.
Los problemas conductuales se manifiestan en patrones donde no se respetan los derechos básicos de otros (pegar, insultar), las normas (ir a la escuela, hacer los deberes) o las reglas sociales. En niños pequeños se suele manifestar en impulsividad, desobediencia, rabietas, negativismo, conductas desafiantes, etc. Y en los adolescentes también en impulsividad, amenazas, afectación en las relaciones sociales y sobre todo con las figuras de autoridad, padres o profesores, afectando en ambos casos al rendimiento académico escolar.
Esto suele ocurrir en dos etapas muy diferenciadas, cuando el niño es muy pequeño y está en la etapa de las rabietas y del uso del “no”, y sobre todo, a través de situaciones estresantes como la separación de los padres, los celos por el nacimiento de un hermano/a, el paso al pañal, etc. y en los adolescentes cuando empiezan a tomar conciencia de su propia identidad, cuestionando las opiniones de las figuras de autoridad y creando las suyas propias. La reafirmación del yo, hace que en estos dos períodos los niños y los adolescentes se muestren desafiantes y no obedezcan. Estos comportamientos además pueden ser transitorios y propios de la edad pero difíciles de llevar, o derivados de otros trastornos como de discapacidad intelectual, autismo, etc.
Es importante acudir a un profesional cuando estas conductas perturban la vida diaria del niño o adolescente y de las familias. Se actúa a nivel individual en la gestión de estas alteraciones conductuales a través del control de impulsos, control de la ira, autoobservación, autoinstrucciones, etc. Y a nivel familiar, colaborando con las pautas dadas al niño y las pautas propuestas por la especialista para disminuir estos comportamientos.
Los problemas emocionales son sentimientos que el infante o joven muestran cuando se presentan pensamientos de inferioridad como baja autoestima o ansiedad ante situaciones sociales, escolares, etc. La ansiedad se caracteriza por un miedo intenso, involuntario, injustificado e irracional, ante situaciones en las que no son propias que se de ese miedo, por ejemplo, los más comunes en niños suelen ser miedo a ir al colegio, a hacer un examen, a exponer en público, etc.
En los más pequeños son la fobia social (miedo a ir al colegio o a relacionarse), la ansiedad por separación (miedo intenso ante la separación de una figura de apego, por ejemplo, los padres) y el mutismo selectivo (el niño no habla cuando se encuentra en una situación determinada que le produce ansiedad). Además, como hemos dicho anteriormente, estos problemas emocionales pueden desencadenar en alteraciones conductuales disruptivas ya que cuando son pequeños, los niños no saben expresar sus emociones ni sus sentimientos.
Los problemas más comunes en adolescentes son la baja autoestima, la depresión o la ansiedad. Esto suele ocurrir a partir de los cambios puberales que en determinadas situaciones pueden desencadenar disconformidad en el adolescente. Cuando la baja autoestima o la ansiedad se produce al menos, semanalmente y la conducta y comentarios son preocupantes y afectan a la vida diaria del joven y de los padres, como por ejemplo, no querer ir al instituto, no querer salir de casa, apatía, llorar o quejarse en exceso, hay que acudir a un especialista ya que esto puede derivar en trastornos graves. Este intervendrá a través del trabajo en pensamientos positivos, educación emocional, etc.
